
Las mujeres somos preparadas para ser profesionistas, esposas, madres, pero nunca para la perdida de una parte de tu ser un HIJO. Es una pérdida irreparable y un dolor que perdura para toda la vida. Es un vacio que jamás será llenado.
Hasta el día de hoy no hay ciencia que pueda describir el dolor tan profundo que experimenta una madre al perder un hijo. No hay manera de describir el dolor de perder una parte de nosotras y ni aun el padre lo puede asimilar.
La madre queda devastada y con sus recuerdos llena de tristeza y dolor, la madre es la gran heroína y sacara fuerzas donde no las hay, hay un proverbio muy hermoso que dice. Dios no podía estar en todos lados y creo a las madres. Que grande amor nos enseña ese proverbio compararlo con el amor tan sublime de Dios. Ella sacara fortaleza donde no la hay por sus demás hijos, dignas de admiración esas mujeres que pasan por ese proceso.
Los hijos de alguna manera la vida los prepara para la muerte de sus progenitores, y se cree que es la ley de la vida. Pero los padres no tienen respuesta alguna del porque del deceso de su hijo carne de su carne.
Puntos que podrán hacer el dolor más llevadero.
Lo primero que hay que hacer es la aceptación que no es nada fácil, vienen los sentimientos de culpa, de remordimiento y el hubiera.
No reprima sus sentimientos, ni el llanto hable con sus amistades y familiares esto le ayudara a similar mas la perdida.
El dolor y la tristeza volverá y más en las fechas de cumpleaños, navidad.
Dese libertad para celebraciones, reír, ser alegre no se reprima dese cuenta que no está en sus manos que su hijo vuelva, no tiene por qué sentir culpa por reír eso no quiere decir que se ha olvidado de su hijo, eso indica que ha madurado con su dolor.
Confié y entregue a DIOS su dolor. Él le ayudara a soportar y recuerde que entre dos es más fácil llevar la cruz.
Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos.