Yo tuve un padre que a pesar de vivir en nuestro hogar, como cualquier papá, me ignoró hasta que me me casé y me fuí de casa. Nunca nos hablaba a mi y mis hermanas…nunca un consejo, mi madre trabajaba todo el día, pero simepre se hacía un tiempito para escucharnos, para cantar con nosotros, etc. Pero debido a su cultura y a la manera en que fueron criados…nunca nos dieron un beso o abrazo….solo tengo dos imágenes bien presentes: cuando fuimos a un zoologico y yo tenía 5 años y me dormí y mi madre me llevaba en sus brazos…..la otra es en un cumpleaños, en mi casa, y mas o menos a la misma edad, yo recostada en su falda y ella tocandome el pelo. Con mi padre nunca pude tener una conversación de nada, es normal no tener una charla de padre a hija, cuando lo veo todavía me asusta su mirada, la que siempre nos intimidaba a mi y a mis hermanas. Trato de no mirarlo a los ojos. Con mi madre la relación es normal. Pero yo con mis hijos decidí ser diferente y lo soy…nunca les falta el beso de las buenas noches y varios besos y abrazos durante el día, pero tampoco faltan los límites y la educación, que en los tiempos que corren parecieran no ser suficientes, y les repito cada día lo lindos que son y a pesar de disponer de poco tiempo libre, les enseño cosas nuevas, un juego, a mi nena le enseño a elegir su ropita, peinarse, cepillarse los dientes, cuidar las cosas y enseñarles que todo cuesta, nada viene de arriba…y todo esto forma parte del cariño, del amor que trato de expresar y de dar, porque en realidad lo siento, y no entiendo como antes los padres reprimían su afecto, hasta evitaban sonreir a sus hijos…no digo todos…pero si en muchas culturas o familias ha pasado. Si así hemos sido tratados, seamos diferentes, pero sin irnos al otro extremo, de llenarlos de cosas materiales y en vez de darles libertad para crecer y desarrollar su personalidad, los largamos al libertinaje, lo cual a la larga les hará daño.